23 de Febrero de 2018
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Frases  e Imágenes  que Marcaron la Visita del Papa Francisco

Santo Padre abordó diversas temáticas en las celebraciones y encuentros que presidió durante los tres días que permaneció en nuestros país. A continuación ofrecemos  un resumen de aquellos mensajes sobre los cuales es importante hoy reflexionar para dar respuestas a los desafíos planteados.

 

 

Del mensaje en el Palacio de La Moneda

"No puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza que siento ante el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia. Me quiero unir a mis hermanos en el episcopado, ya que es justo pedir perdón y apoyar con todas las fuerzas a las víctimas, al mismo tiempo que hemos de empeñarnos para que no se vuelva a repetir".

“Con esta capacidad de escucha somos invitados —hoy de manera especial— a prestar una preferencial atención a nuestra casa común: fomentar una cultura que sepa cuidar la tierra y para ello no conformarnos solamente con ofrecer respuestas puntuales a los graves problemas ecológicos y ambientales que se presentan; en esto se requiere la audacia de ofrecer «una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático» que privilegia la irrupción del poder económico en contra de los ecosistemas naturales y, por lo tanto, del bien común de nuestros pueblos. La sabiduría de los pueblos originarios puede ser un gran aporte. De ellos podemos aprender que no hay verdadero desarrollo en un pueblo que dé la espalda a la tierra y a todo y a todos los que la rodean. Chile tiene en sus raíces una sabiduría capaz de ayudar a trascender la concepción meramente consumista de la existencia para adquirir una actitud sapiencial frente al futuro”.


Misa por la Paz y la Justicia, Parque O´Higgins

"¡Cuánto conoce el corazón chileno de reconstrucciones y de volver a empezar, cuánto conocen ustedes de levantarse después de tantos derrumbes! A ese corazón apela Jesús, para que ese corazón reciba las bienaventuranzas".

"Qué bien nos hace pensar que Jesús desde el Cerro Renca o Puntilla viene a decimos: bienaventurado... Sí, Bienaventurado vos y vos; bienaventurados ustedes que se dejan contagiar por el Espíritu de Dios, y luchan y trabajan por ese nuevo día, por ese nuevo Chile, porque de ustedes será el reino de cielos (...) El trabajador de la paz sabe que no alcanza con decir: no le hago mal a nadie, ya que como decía san Alberto Hurtado: «Está muy bien no hacer el mal, pero está muy mal no hacer el bien» (Meditación radial, abril 1944)".

 

En el encuentro en la Cárcel de Mujeres

"Estar privadas de libertad, no es sinónimo de pérdida de sueños y de esperanzas. Ser privado de libertad no es lo mismo que estar privado de dignidad".

 

 

 

 


 

Encuentro con sacerdotes, religiosos y religiosas, en la Catedral Metropolitana

"No estamos aquí porque seamos mejores que otros. No somos superhéroes que, desde la altura, bajan a encontrarse con los "mortales". Más bien somos enviados con la conciencia de ser hombres y mujeres perdonados. Y esa es la fuente de nuestra alegría. Somos consagrados, pastores al estilo de Jesús herido, muerto y resucitado. El consagrado es quien encuentra en sus heridas los signos de la Resurrección. Es quien puede ver en las heridas del mundo la fuerza de la Resurrección (…) "Una Iglesia con llagas es capaz de comprender las llagas del mundo de hoy y hacerlas suyas, sufrirlas, acompañarlas y buscar sanarlas. Una Iglesia con llagas no se pone en el centro, no se cree perfecta, sino que pone allí al único que puede sanar las heridas y tiene nombre: Jesucristo".

 

Encuentro con los obispos, en la Catedral Metropolitana

“La falta de conciencia de que la misión es de toda la Iglesia y no del cura o del obispo limita el horizonte, y lo que es peor, coarta todas las iniciativas que el Espíritu puede estar impulsando en medio nuestro. Digámoslo claro, los laicos no son nuestros peones, ni nuestros empleados. No tienen que repetir como “loros” lo que decimos. “El clericalismo, lejos de impulsar los distintos aportes y propuestas, poco a poco va apagando el fuego profético que la Iglesia toda está llamada a testimoniar en el corazón de sus pueblos. El clericalismo se olvida de que la visibilidad y la sacramentalidad de la Iglesia pertenece a todo el Pueblo de Dios (cf. Lumen gentium, 9-14) y no sólo a unos pocos elegidos e iluminados”.

 

Misa por el Progreso de los Pueblos,  Aeródromo de Maquehue, Temuco

“Esta tierra, si la miramos con ojos de turistas, nos dejará extasiados, pero luego seguiremos nuestro rumbo sin más; recordándonos los lindos paisajes pero si nos acercamos a su suelo lo escucharemos cantar: "Arauco tiene una pena que no la puedo callar, son injusticias de siglos que todos ven aplicar" (...)

"La unidad que nuestros pueblos necesitan reclama que nos escuchemos, pero principalmente que nos reconozcamos, que no significa tan sólo "recibir información sobre los demás... sino de recoger lo que el Espíritu ha sembrado en ellos como un don también para nosotros" (3). Esto nos introduce en el camino de la solidaridad como forma de tejer la unidad, como forma de construir la historia, esa solidaridad que nos lleva a decir: nos necesitamos desde nuestras diferencias para que esta tierra siga siendo bella. Es la única arma que tenemos contra la "deforestación" de la esperanza. Por eso pedimos Señor, haznos artesanos de unidad".(...)

 "La unidad, si quiere construirse desde el reconocimiento y la solidaridad, no puede aceptar cualquier medio para lograr este fin. Existen dos formas de violencia que más que impulsar los procesos de unidad y reconciliación terminan amenazándolos. En primer lugar, debemos estar atentos a la elaboración de "bellos" acuerdos que nunca llegan a concretarse. Bonitas palabras, planes acabados, si - y necesarios- , pero que al no volverse concretos terminan "borrando con el codo, lo escrito con la mano" Esto también es violencia, y por qué, porque frustra la esperanza. En segundo lugar, es imprescindible defender que una cultura del reconocimiento mutuo no puede construirse en base a la violencia y destrucción que termina cobrándose vidas humanas. No se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro, porque esto lo único que despierta es mayor violencia y división. La violencia llama a la violencia, la destrucción aumenta la fractura y separación. La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa, Por eso decimos «no a la violencia que destruye», en ninguna de sus dos formas".

 

Encuentro con los jóvenes, Santuario Nacional de Maipú

“Y creo que ustedes tienen un gran santo que les puede hacer de guía, un santo que iba cantando con su vida: “contento, Señor, contento”. Hurtado tenía una regla de oro, una regla para encender su corazón con ese fuego capaz de mantener viva la alegría. Porque Jesús es ese fuego al cual quien se acerca queda encendido". (...) 

"La contraseña de Hurtado para reconectar, para mantener la señal era muy simple. ¿Seguro ninguno de ustedes trajo un teléfono, no? Me gustaría que la anotaran en el teléfono.  -si se animan yo se las dicto- Hurtado se pregunta – esta es la contraseña- “¿Que haría Cristo en mi lugar?”. Los que puedan, anótenlo. ¿Qué haría Cristo en mi lugar? En la escuela, en la universidad, en la calle, en casa, entre amigos, en el trabajo; frente al que le hacen bullying: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”. Cuando salen a bailar, cuando están haciendo deportes o van al estadio: “¿Qué haría Cristo en mi lugar?”. Esa la contraseña, la batería para encender nuestro corazón y encender la fe y la chispa en los ojos. Que no se les vaya. Eso es ser protagonistas de la historia. Porque queremos contagiar esa chispa en tantos corazones apagados, opacos que se olvidaron de lo que es esperar, en tantos que son “fomes” y esperan que alguien los invite y los desafíe con algo que valga la pena. Ser protagonistas es hacer lo que hizo Jesús. Allí donde estés con quien te encuentres y a la hora en que te encuentres: “¿Qué haría Jesús en mi lugar?”. ¿Cargaron la contraseña? Y la única manera de no olvidarse de la contraseña es usarla.  Si no les va pasar –esto es de mi época, pero por ahí saben algo- lo que les pasó a los tres chiflados en aquel film que arman un asalto, un robo a una caja fuerte. Estaba todo pensado, y cuando llegan se les olvidó la contraseña. Se les olvidó la clave. Si no usan la contraseña se la van a olvidar. Cárguenla en el corazón. ¿Cómo era la contraseña? Repítela y úsenla. ¿Qué haría Cristo en mi lugar?"

 

Encuentro con el mundo académico y de la cultura, Universidad Católica

"La convivencia nacional es posible -entre otras cosas- en la medida en que generemos procesos educativos también transformadores, inclusivos y de convivencia. Educar para la convivencia no es solamente adjuntar valores a la labor educativa, sino generar una dinámica de convivencia al interno del propio sistema educativo. No es tanto una cuestión de contenidos sino de enseñar a pensar y a razonar de manera integradora. Lo que los clásicos solían llamar con el nombre de forma mentis. Y para lograr esto es necesario desarrollar lo que llamaría una alfabetización integradora que sepa acompañar los procesos de transformación que se están produciendo en el seno de nuestras sociedades. Tal proceso de alfabetización exige trabajar de manera simultánea la integración de los diversos lenguajes que nos constituyen como personas. Es decir, una educación –alfabetización- que integre y armonice el intelecto -la cabeza-, los afectos -el corazón-, y la acción -las manos-. Esto brindará y posibilitará a los estudiantes un crecimiento no solo armonioso a nivel personal sino, simultáneamente a nivel social. Urge generar espacios donde la fragmentación no sea el esquema dominante, incluso del pensamiento; para ello es necesario enseñar a pensar lo que se siente y se hace; a sentir lo que se piensa y se siente. Un dinamismo de capacidades al servicio de la persona y de la sociedad. La alfabetización, basada en la integración de los distintos lenguajes que nos conforman, irá implicando a los estudiantes en su propio proceso educativo; proceso de cara a los desafíos que el futuro próximo les presentará. El “divorcio” de los saberes y de los lenguajes, el analfabetismo sobre cómo integrar las distintas dimensiones de la vida, lo único que consigue es fragmentación y ruptura social".

 

Misa Nuestra Señora del Carmen, Madre y Reina de Chile. Campus Lobito, Iquique

“Hermanos, Iquique es tierra de sueños —eso significa el nombre en aymara—; tierra que ha sabido albergar a gente de distintos pueblos y culturas que han tenido que dejar a los suyos, marcharse. Una marcha siempre basada en la esperanza por obtener una vida mejor, pero sabemos que va siempre acompañada de mochilas cargadas con miedo e incertidumbre por lo que vendrá. Iquique es una zona de inmigrantes que nos recuerda la grandeza de hombres y mujeres; de familias enteras que, ante la adversidad, no se dan por vencidas y se abren paso buscando vida. Ellos —especialmente los que tienen que dejar su tierra porque no encuentran lo mínimo necesario para vivir— son ícono de la Sagrada Familia que tuvo que atravesar desiertos para poder seguir con vida”.

“Esta tierra es tierra de sueños, pero busquemos que siga siendo también tierra de hospitalidad. Hospitalidad festiva, porque sabemos bien que no hay alegría cristiana cuando se cierran puertas; no hay alegría cristiana cuando se les hace sentir a los demás que sobran o que entre nosotros no tienen lugar (cf. Lc 16,19-31)”.

Fuente: Comunicaciones Comisión Nacional Visita Papa